
Las experiencias paranormales descritas en el Tarot de los Ángeles, son causadas por demonios incubos y súcubos que entrando en posesión de su victima crean los llamados poltergeist. Estos demonios son conocidos por los esoteristas por el nombre de MORADORES EN EL UMBRAL. Los hay de varias clases. Primero, elementales que procuran impedir al hombre el acceso al plano astral. Son los elementales de las formas, o devarupas, encargados de construir los reinos inferiores, y así es para ellos el hombre un ser odioso por sus tendencias destructoras. Temen y rechazan al hombre porque por doquiera que va echa a perder su obra, estropea los vegetales y mata a los animales.
Así es que los elementales de la naturaleza odian el nombre de hombre, y se agrupan para detener los pasos del que empieza a ser consciente en el plano astral, procurando espantarlo, porque recelan que también entre con ánimo destructor en aquel mundo nuevo. Sin embargo, nada pueden hacer contra quien no los teme; y por lo tanto, cuando esta oleada de fuerza elemental se abalance hacia el hombre que vaya a entrar en el plano astral, debe permanecer tranquilo, indiferente y afirmar en su fuero interno:
“Yo Soy, un producto de la evolución, superior a vosotros. Vosotros que despreciais al hombre que no tiene escrupulos, nada podéis contra mí y nada debéis temer de mí. Soy vuestro amigo, no vuestro enemigo. ¡Paz!” Si el hombre es lo bastante animoso para adoptar esta actitud mental, se replegarán las huestes elementales dejándole paso libre. Los terrores nocturnos que sin causa notoria sienten algunas personas provienen de esta hostilidad. Por la noche se es más sensitivo al plano astral que durante el día, y así se nota mayormente la enemistad de los elementales. Pero cuando estos seres se convencen de que el recién llegado no trae propósitos de destrucción, se le muestran tan amistosos como antes se le habían mostrado hostiles.
Esta es la primera variedad de moradores del umbral; y aquí vuelve a notarse la importancia de los alimentos puros y rítmicos, porque si coméis carnes, fumais y bebéis licores alcohólicos, atraeréis a los ínfimos elementales del plano astral, a los que se complacen en el olor de la sangre y del alcohol y en consecuencia os impedirán ver y comprender claramente las cosas. Os acecharán para infundiros sus pensamientos y sus deseos con los cuales formarán una especie de costra, a modo de caparazón que eclipsando vuestra aura entorpezca muchísimo vuestros esfuerzos para ver y oír debidamente, os obsesaran impecablemente.
Esta es la principal razón de que los Maestros Ascendidos de la Sabiduría, prohíban en absoluto el uso de carnes, tabaco, café y alcoholes. La segunda variedad de moradores en el umbral son las formas mentales de vuestros pasados pensamientos, procedentes del mal hábito en vidas pretéritas con toda clase de malignidades realizadas. Estas formas dan en el rostro al hombre cuando por primera vez se pone en contacto con el plano astral, y aunque en realidad son peculiaridades del hombre mismo, se le aparecen como objetivas formas externas que intentan rechazar a su creador. Sin embargo, es posible vencerlas, repudiándolas severamente, diciendo:
“Ya no sois míos. Pertenecéis a mi pasado, pero no a mi presente. No os daré ni un átomo de mi vida”. Así las iréis debilitando gradualmente hasta extinguirlas. Esta es, sin duda una de las más penosas dificultades con que ha de tropezar quien por primera vez despierta su conciencia en el plano astral. Desde luego que cuando el hombre ha intervenido de uno u otro modo con abominables formas mentales, como por ejemplo, las de magia negra, será mucho más robusta y peligrosa esta variedad de morador en el umbral, y a veces ha de sostener la persona desesperada lucha contra estas reliquias de su pasado, vivificadas por los magos negros y por sus propios actos y hábitos.